
Aclaramos Ese
DESDE
que es algo más que una moda del lenguaje de los últimos
tiempos. Caminar desde Cristo supone haber
descubierto en la plenitud humana, haberse dejado seducir
por su persona y caminar por la vida como expresión y
consecuencia de ese encuentro.
Lo
que puede hacer a la vida religiosa significativa no es
nuestro credo sino el vivir de tal modo que los otros
intuyan ese “algo” que nos moviliza o al menos se
interroguen por él. “Sembrar misterio…”
LA BOLSA COMÚN
DE LA COMUNIDAD RELIGIOSA
La
bolsa común es uno de los rasgos típicos del grupo de Jesús
y el que más caracteriza nuestro estilo de administración de
bienes; hasta tal punto que sería mejor llamarle voto de
bolsa común y no voto de pobreza, palabra que significa una
carencia de lo necesario que afecta hoy en día a millones de
personas, pero no a los religiosos…
Jesús, gran conocedor del corazón humano, decía:
no os obsesionéis por el futuro... qué difícil que entren en
el Reino los que tienen riquezas... tened mucho cuidado
con la avaricia... acumulad sólo lo que no pierde valor...
no podéis servir a Dios y al dinero... porque donde está
vuestro tesoro, allí está vuestro corazón.
La dinámica de apropiación que late en e!
corazón humano era en 'su época la misma que hoy y Jesús la
consideraba un
grave obstáculo para acoger la
buena noticia del Reino. De ahí sus numerosas alusiones al
tema y su modo testimonial de vivirlo.
Por muy variadas que sean las formas de seguirle, la
relación con los bienes siempre constituye un aspecto
insoslayable. El modo propio de la vida religiosa es la
comunión solidaria de bienes.
En la comunidad religiosa, la bolsa común tiene
una triple finalidad: el cubrir nuestras necesidades
humanas; el impedir que la propiedad privada nos lleve a
poner el corazón en los bienes; y el compartir bienes y
estilo de vida con nuestros hermanos los pobres.
La consecuencia de este voto de bolsa/ común va más allá de
lo administrativo y" afecta a las raíces del ser; "pobreza
de espíritu" le llamamos, pero, si es verdadera, tiene que
ser sentida en la carne y visible a cuantos nos rodean:
No somos personas económicamente independientes que
descansan sobre su cuenta corriente, lo cual contradice
nuestro innato afán de suficiencia y nos da una imagen poco
relevante en nuestra sociedad. Nuestro descanso es la
comunidad de hermanas a la q
ue
pertenecemos y en la que confiamos.
Vivimos sobriamente, con austeridad y sencillez no carente
de gratuidad y fiesta, sin servidores, al estilo de Jesús y
podemos así compartir con los necesitados. Este estilo
sobrio y sencillo sólo se aprende teniendo como vecinos a
los pobres reales que son los que desenmascaran nuestras
justificaciones.
Para la reflexión personal
¿Cómo vivo esta forma alternativa de administración de
bienes? ¿La valoro como liberación para el Reino, con
agradecimiento a la comunidad, o como carga pesada que
trato en lo posible de sacudir? ¿Qué relación encuentro
entre mi vivencia de la pobreza evangélica y mi relación con
Dios?
Vamos A
otra parte, a los pueblos vecinos, para predicar también
allí, pues para esto he venido (Mc 1-37)
El envío es un
despojo permanente. El mismo seguimiento de Jesús, con lo
que esta palabra implica de movimiento, se va construyendo
en nuestro verdadero “hogar” y su misma misión es la que da
sentido a nuestro hacer, cualquiera que sea, a nuestro saber
estar. La itinerancia misionera nos impide acomodarnos,
instalarnos, echar raíces, tomar posesión, justificar lo
imprescindible de nuestra presencia allí donde estemos.
“Jesús no tenia donde reclinar la cabeza”. Y a eso nos
invita con nuestro compromiso de pobreza.