María, tú que eres "bienaventurada porque has creído", ayuda nuestra débil fe y alienta nuestra esperanza.

 

 

Si quieres ir al cielo,
no olvides que María es la puerta.
Enrique de Ossó


En todas nuestras penas, sean del alma, sean del cuerpo, después de Dios, hemos de concebir una gran confianza en la Virgen María.


 

María, Madre del SÍ, admirable en todas las acciones de tu vida.
Ayúdame a mirar los intereses de todo el mundo como los míos propios.

 

María, Abogada y refugio de los pecadores, asistidme en la hora de mi muerte
y abrirme las puertas del cielo.
                            Enrique de Ossó