Importancia del cuerpo 

 


Cada día, antes de ORAR, deberás tener en cuenta unas condiciones para que puedas facilitar el "encuentro" con Jesús.

Debes tomar en cuenta tu CUERPO y tu MENTE. Se ORA con todo el ser, por eso, debes procurar una postura corporal correcta. Asegura una buena respiración. Relaja tensiones y nervios: suelta recuerdos e imágenes. Haz vacío y silencio. concéntrate. Ponte en la presencia de Dios. Invoca al Espíritu Santo.

1)

  • Toma una postura cómoda... descansada... relajada... La espalda recta, sin forzar la columna... los hombros sueltos, sin tensión... los brazos sueltos se dejan caer sobre las piernas... manos flojas, sobre las piernas o en el regazo...

  • Cierra los ojos

  • Haz consciencia de todo tu ser

  • Respira lenta y profundamente... inspira por la nariz, dejando entrar el aire en los pulmones, lo más profundo que puedas... retén el aire un momento y exhálalo por la boca, despacio, muy despacio... Procura que la respiración sea más larga que la inspiración.

  • Recorre despacio cada una de tus partes del cuerpo comenzando por la cabeza:  frente, ojos, mejillas, nariz, boca...  Sigue con el tronco: cuello, hombros, espalda, corazón, estómago... Sigue con las extremidades: muslos, rodillas, piernas, pies, dedos...
     

    • Siente cada una de las partes, recorriéndolas muy despacio con tu imaginación, en orden. Tu mente tiene que concentrarse en tu cuerpo entero...

    • En un segundo momento trata de sentir: la ropa que toca tus hombros, tu espalda... dónde estás apoyado... el suelo que pisas... Cualquier sensación es importante para que concentres tu pensamiento, lo vacíes de preocupaciones... y te prepares para vaciarte y concentrarte en la oración.

    • Da gracias porque todo está vivo en ti y da gracias por cada una de las partes de tu cuerpo.

2)

La primera parte como el ejercicio 1. Cae en la cuenta de las sensaciones de tu cuerpo.

  • Pasa de una parte a otra siendo muy consciente de sus sensaciones. Esto ayuda a preparar la oración y contemplación.

  • Concéntrate en una parte de ti, por ejemplo la cara y cae en la cuenta del tipo de sensaciones que te produce: picor, ardor, entumecimiento...

  • Al ritmo de la respiración puedes repetir: Calma... quietud... silencio...

  • Puedes también repetir alguna frase que te ayude a concentrarte: Padre... Tú eres mi amor... Tú eres mi Dios... Te amo... No me dejes... Acompáñame... Puedes hacerlo dos o tres veces, hasta que sientas que estás serena y en paz.

3)

  • Siéntate cómod@... inmóvil... tranquil@... en paz...

  • Respira lenta y profundamente.

  • Cierra los ojos.

  • Siente tu cuerpo tal como está... Hazte presente a tu cuerpo... Comienza por descartar tus problemas y preocupaciones, siéntelos como un peso muerto en tus manos... déjalos que se vayan...

  • Ahora te sientes liger@... libre... como si todo se hubiera parado a tu alrededor...

  • Tus manos se apoyan sobre las rodillas, con los dedos ligeramente separados y extendidos... siente tus manos y recoge todas las sensaciones que te ofrecen...

  • Tus pies están apoyados en el suelo... toma conciencia de ellos, relaja los dedos... siente el peso de las piernas sobre el suelo...

  • Quédate unos minutos respirando las sensaciones que te ofrece tu cuerpo... suelta tensiones que te llegan... tú estás en paz... transparente... en calma... en silencio...

  • Vive la placidez de este momento... gusta la alegría de vivir... de Dios... Paz... paz... paz...

4)

  • Cierra los ojos... relájate... trata de captar el mayor número de sonidos que lleguen a ti sin tratar de identificarlos ni de saber de dónde provienen... Escucha los sonidos sin darles nombre...

  • A medida que avanzas en este ejercicio notarás que te invade una gran calma... un silencio profundo... Sé consciente de percibir por un momento esta actitud y este silencio...

  • Experimenta lo bien que se está aquí y ahora. No tienes nada que hacer, simplemente ser. Percibe cómo llega Dios a tu alma en este silencio... ¡QUÉDATE!

5)

  • Cierra los ojos y practica los ejercicios de hacerte consciente de las sensaciones de tu cuerpo durante algunos minutos...

  • Cae en la cuenta de tu respiración y mantente ahí durante algunos minutos...

  • Piensa que el aire que respiras está impregnado de la presencia de Dios... Piensa en el aire como si fuera un océano inmenso que te rodea... un océano inmensamente coloreado por la presencia y por el ser de Dios. Cuando introduces el aire en tus pulmones, metes a  Dios en ellos. Cae en la cuenta que cada vez que respiras estás sostenido por el poder y por la presencia de Dios... Estate ahí el tiempo  que necesites.

Variantes:

En cada uno de los ejercicios introduce las palabras e imágenes que te vengan bien. Piensa en Dios para controlar el pensamiento; piensa en la acción de Dios en cada una de la partes de tu cuerpo... Pronuncia una frase como: Dios, te amo... Confío en ti... etc. o simplemente repite la palabra Paz en voz suave, lentamente, sintiendo cómo la sensación relajante de paz va inundando primero el cerebro y después todo el resto de tu cuerpo. Lo importante es que durante estos ejercicios tu cuerpo, mente y espíritu se unifiquen en una sola Persona: Dios, olvidando todo lo demás.

Realiza cualquiera e ellos o una mezcla de alguno, de acuerdo a tus necesidades. Puedes ponerte una música suave de fondo, si te ayuda.