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Las colegialas de Caracas están contentas, muy contentas. ¿El motivo de su alegría? ¡Su nuevo colegio! Ahí lo tenéis, señalado con una cruz blanca.
A
la antigua Escuela de Enfermeras, que ocupó el local hasta septiembre,
ha sucedido un enjambre de chiquitines, niñas y jóvenes.
La
colmena se animó extraordinariamente en el mes de octubre con la visita
de la Rvdma. Madre Superiora General y su Secretaria. ¿No sería otro
precioso regalo de Santa Teresa? Allí han permanecido durante la
primera jornada del Curso, compartiendo alegrías, gozándose en la
contemplación del joven plantel tan rico ya en frutos. ¡Qué rápidas
transcurren siempre las venturas humanas!… Mientras las amadas viajeras parten sembrando el gozo en los Colegios de Estados Unidos y Méjico, el Teresiano de Nuestra Señora de Coromoto entra de lleno en los cauces reglamentarios. El edificio va tomando un nuevo matiz que le da atractivo especial. Limpieza, comodidad, amplitud: las dependencias se acomodan perfectamente a los fines escolares y todo es entusiasmo. La Capilla, instalada en el lujosos salón, resulta acogedora y devota. ¡se está muy bien ahí! ¿Y el parque? ¿verdad, queridas venezolanas, que vuestros recreos os parecen ahora más cortos, que gozáis grandemente en aquellas amenas clases del aire libre y que las bellezas de vuestro lindísimo jardín os convidan a entonar un canto de alabanza y gratitud al Creador?
Desde entonces hasta hoy estamos en la Avenida Los Laureles, El Paraíso donde nos hemos propuesto con la ayuda de Dios, impartir enseñanza católica, inspirados por siempre en las virtudes cristianas, sociales y humanas de San Enrique de Ossó y Santa Teresa de Jesús siendo ellos nuestros modelos junto a Jesús y María.
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